Pasamos más del 90% del tiempo en espacios cerrados (la casa, oficina, gimnasio…), por lo que, los espacios en los que vivimos, trabajamos, nos ejercitamos o descansamos impactan en gran medida en nuestra salud, bienestar y productividad.
Elementos como la calidad del aire interior o la presencia de materiales perjudiciales para la salud como el amianto tienen una incidencia enorme en nuestra salud a diario. Si cabe, la pandemia covid19 ha puesto de relieve la importancia de la calidad del aire interior.
Ahora hay una tendencia global a la sostenibilidad de las edificaciones, lo cual no se reduce sólo a tener en cuenta elementos ambientales en su construcción o reforma sino que además se refiere a que repercuta en una mejor salud de sus ocupantes.
Podemos y debemos cambiar el chip y empezar a crear un espacio no sólo sostenible sino “saludable” en el que vivir, trabajar, ejercitarnos o descansar.